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Un corral.

¡Qué gran color! ¡Qué lindo! ¡No me gustan los cuadrados! ¡Sácale el titulo!
 Acá doy inicio a mostrar lo que hace mucho tiempo es un proyecto personal, escribir. Me ayudó en muchas situaciones a expresar, aquello que en palabras era difícil. Y después entendí que me gustaba. Historias propias, ajenas, crónicas, microrelatos y hasta un hermoso proyecto de libro.
Los planetas se alinean y me encierro a escribir. Me gusta. Me leen. Me recomiendan libros.              Necesito una imagen, pero no la encuentro, no le encuentro título. Es espantoso todo.

Agarro el celular, pido ayuda. Apa!

¡Bienvenidos, nos construimos mientras hablamos!

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¿No era lo que querías?

          No quería dejar de verla. No quería tener sexo. No quería compartir todos los domingos. No quería su proyecto de vida. No quería dejarla. No quería soltarla. No quería ser novio. No quería ser amigo. No quería que el reclamo. No quería la pelea. No quería la distancia. No quería el amor. No quería que lo dejara. No quería que lo abrazara. No quería que llorara. No quería la risa, ni el mate de la mañana. No quería la brisa del mar, no quería el frío de la montaña. No quería el viento. No quería sus besos. No quería soltarla. No quería otro amante. No quería dejar de penetrarla. No quería cuidarla. No quería la luz, ni la película. No quería lo cielos. No quería verla. No quería quererla, no quería.

Cuatro

Pedro falleció en el feriado de carnaval.  Lo vi agonizar mientras todos en casa desayunaban. Mis vecinos preparaban sus trajes para el show de la comparsa, había fiesta esa noche. Pedro, mi perro, agonizaba. Mi hermano intentó sacarlo para que muera al sol: era carnaval, nadie debe morir en carnaval. Me acuerdo del día en que Pedro llegó. Era el cumpleaños del hermano mayor de mi abuela, Pedro Díaz. Un tipo fantástico al que yo adoraba, siempre me contaba historias sobre cómo nuestro bisabuelo vino a Argentina.   Mi papá llegó con promesa de un pincher enano y terminó siendo un enorme perro, muy similar un foxterrier. La última vez que enterré a un perro, fue una noche horrible. Habían envenenado como a  diez en el barrio y Baltazar fue uno de ellos. Policías, denuncias y vecinos. Mi casa fue el centro de operaciones, nosotros éramos muy chicos. Al parecer habían dejado bolsas de comida con veneno por todos lados. Era peligroso para quienes solíamos estar todo ...